La primavera ya retorna y yo estando de guardia este fin de semana aprovecho las horas libres que tengo para subir a las montañas.
El viernes fui a foquear a Payares a última hora de la tarde y la nieve papa que me encontré, tan difícil de mover como un camión de arena, ya me anticipó que el momento de ir quitándome ropa de encima estaba llegando.
Y así el sábado Vitor y yo fuimos a echar una carrera por el Cordal del Llosoriu ligeros de ropa tras meses de ir embutidos en el equipamiento invernal. Cambiamos las botas de esquiar por las zapatillas de deporte y dejamos que el aire acariciara nuestros brazos y piernas.
Trotamos alegremente por la divisoria de los conceyos de Riosa, Ḷḷena y Mieres con el fragoso escenario de las verdes praderías, el ganado pastando apacible a nuestro alrededor y la Cordillera aún nevada esperando alguna buena esquiada más antes de finalizar la temporada.
Y el domingo nos volvimos a juntar Vitor y yo para calzar los olvidados pies de gato y desentumecer mis anquilosadas articulaciones yendo después de bastante tiempo nuevamente a las paredes de Otura. Vías muy sencillas para disfrutar de la vuelta a la verticalidad.
1 comentario:
Que dos jornadas más buenas. Pero no guardes la ropa, que aún nos queda mucho que esquiar. eh!!!
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