En el suave verano asturiano comencé a experimentar sensaciones que hasta ahora me estaban reservadas para el clima invernal.
Me ajusto las fijaciones, mantengo el equilibrio centrado sobre ellas, me impulso con los bastones y me deslizo sobre la resbaladiza superficie.

Pero ahora no es nieve..... si no hierba.

Entreno los gestos técnicos y físicos del esquí para el inminente tiempo en que vuelva a sentir el frío en la cara mientras me deslizo exultante sobre una montaña inmaculadamente blanca.
Pero esa será otra historia.....