Como dice el título de mi blog: las montañas me gustan muchísimo. Toda la vida la he pasado entre ellas.
Cuando mi abuela me contaba historias de su juventud en la aldea de El Quempu, al pie de la monumental Penubina, yo me quedaba obnubilado escuchando historias de montañeses, cuando siendo muy niño iba con mis tios y primos a ver las vacas de mi abuelo caminando por los senderos entre exuberantes bosques de frondosa vegetación me enamoré perdidamente de ellas.
Como cualquier montañero apasionado viajo todo lo que puedo para subir montañas a lo largo y ancho del mundo. En ellas encuentro lo más parecido a eso que se llama felicidad, en ellas obtengo energía suficiente para vivir con pasión.
Pero esa pasión no puede ser ciega ni vivirse fanáticamente. Cuando comencé a viajar por otros países dando rienda suelta a esa pasión descubrí que el objetivo inicial de llegar a la cumbre se convirtió en algo secundario.
Descubrir otras culturas, convivir con otras gentes de lugares lejanos, admirar otros paisajes, explorar el ancho mundo,... convertirse en un viajero.
Todo ello me emociona.
Recordando la ascensión al Muztaghata de hace un par de años mientras miraba las fotos del viaje me di cuenta que los mejores recuerdos, las mejores sensaciones las tuve con las pequeñas cosas que acompañaron la ascensión: pasear por las ciudades atónito y fascinado , observar boquiabierto los gestos de la gente, ... me sigue haciendo vibrar aunque ya llovió desde aquello.
Todas estas vivencias te enriquecen como persona.
Estas fotos creo que hacen que se comprenda mejor lo que intento expresar....