Siempre creí que en una buena esquiada están incluidos los momentos gloriosos de charla con los colegas en el bar tras quitarnos las botas y guardar todo el equipo.
Un viaje para practicar esquí de montaña por Turquía sólo podía finalizar disfrutando la magia de Capadocia y la grandiosidad y vitalidad de la antigua Constantinopla. Éste es otro capítulo más, igual de importante que los que desarrollamos sobre los esquíes, de esta actividad que nos apasiona.
Y así lo hicimos; tras la ascensión al Monte Erciyes nos dedicamos a visitar los increíbles paisajes que rodean la villa de Göreme. Paisajes que parecen sacados de la imaginación de un cuento de hadas. Un monumental capricho geológico en el que durante siglos los hombres horadaron la roca convirtiendo la blanda toba volcánica de la zona en sus hogares, auténticos bloques de viviendas excavados en roca. Los antiguos habitantes, cristianos, excavaron cientos de bellas iglesias, monasterios e incluso enormes ciudades subterráneas.
Después nos trasladamos a Estambul, la mítica Constantinopla: Santa Sofía, La Mezquita Azul, El Palacio Topkapi, La Basílica Cisterna, el crucero por el Bósforo, el puente Gálata, las llamadas a oración del almuecín, los hammanes, el humo de los narguiles, los kebabs y el regateo en el Gran Bazar. Un fabuloso festín para nuestros sentidos.